Domingo, 7 de diciembre
Versículo: “Por sus llagas fuimos nosotros curados.” — Isaías 53:5
La sanidad no siempre comienza en el cuerpo… muchas veces comienza en el corazón. Heridas antiguas, palabras que marcaron, silencios que duelen, momentos que todavía pesan.
Jesús es mi Sanador: el que entra donde nadie más puede entrar, el que toca donde nadie ha podido alcanzar, el que restaura lo que tú creías perdido. Él no solo te repara… Él te renueva. No solo te limpia… te restaura la vida. Su sanidad no siempre es instantánea, pero siempre es profunda.
Pídele hoy a Jesús:
“Sana lo que yo ya no sé cómo manejar.”
Jesús, mi Sanador, entra en mi corazón y restaura lo que ha estado roto.
Trae tu paz, tu fuerza y tu amor a cada área herida.
Haz tu obra en mí.
Amén.